Publicado en la revista Interacción, No. 58, mayo 2016 (ISBN 1909-5988)
¿Cuál es el papel de los medios de comunicación frente a la construcción de la paz en el marco del posconflicto?
Esta es una pregunta que nos hacemos periodistas, comunicadores, radialistas, realizadores de televisión, en fin, todos los actores que de una o de otra manera participamos en la producción de contenidos de los medios de comunicación. Es una pregunta, aparentemente fácil de asumir, ya que de una u otra manera todos nos sentimos comprometido con la paz, sin embrago es difícil de responder cuando se trata de definir la manera de hacerlo y mucho más difícil si se trata de producir contenidos que ayuden a esa construcción de paz anhelada.
Intentar plantear una respuesta implica tener en cuenta inicialmente dos aspectos: el primero es el contexto que encierra un término como postconflicto, que para algunos se trata de un post-acuerdo, es decir, lo que viene después de que se firme al acuerdo de paz entre el Estado colombiano y las FARC en La Hábana. En la mesa de diálogo lo han llamado postconflicto, porque se trata de la terminación del conflicto por la vía de las armas. La firma de este acuerdo, en el que esperamos se incluya el ELN, proceso que se ha iniciado y en el que guardamos firmes esperanzas de que logre culminarse con éxito, supone la construcción de un camino en el que los grupos armados subversivos se integran a la sociedad y empiezan a mediar el conflicto por la vía de la democracia, es decir, se convierten en partidos políticos y ganan sus espacios a partir de la participación política.
La negociación que se ha realizado en La Hábana ha consistido en la discusión de los elementos de fondo que han llevado a las FARC a la guerra contra el Estado, una guerra que se ha prolongado en el tiempo y que se ha degradado en las peores condiciones por parte de todos los actores armados que han intervenido en ella. Esta guerra ha desdibujado la realidad del conflicto, ha polarizado al país en términos maniqueos, lo ha puesto en términos de buenos y malos, y no ha permitido la solución de sus verdaderos problemas.
El segundo, es el sentido mismo del término conflicto, ya que este no va a desaparecer. Lo importante aquí es entender que el conflicto no es negativo, sino la manera como se está manejando, es decir, tratar de resolver el conflicto con un enfrentamiento bélico que supone la eliminación del otro, ese supuesto ha hecho que los colombianos nos matemos mutuamente a lo largo de nuestra historia. Ahora se trata de solucionar el conflicto a través del diálogo, no tratando de eliminar al otro, sino entendiendo sus razones y tratando de llegar a un acuerdo mutuo, que nos beneficie a todos. El conflicto por sí mismo no es malo, es la oportunidad de cambiar y crecer cuando las cosas no marchan bien, o simplemente de llegar a acuerdos y entender los desacuerdos, cuando hay puntos de vista diferentes.
Sobre esas dos bases es que reposa el papel de los medios de comunicación para ayudar a construir un ambiente de paz en este escenario. En primer término, el periodismo y todos los medios que se dedican a la información se han dedicado a manejar la noticia desde una lógica de la guerra, que implica la participación de buenos y malos, que valida la eliminación del otro y que se alinea en uno de los bandos, generalmente al lado del establecimiento. En esta lógica, el manejo de la noticia ha puesto "al lado de los malos" a aquellos actores que entran en discusión con el Estado de manera pacífica y ha satanizado los movimientos campesinos, sindicalistas, estudiantiles y todas aquellas manifestaciones que buscan algún tipo de reivindicación. El papel del periodismo es romper estos paradigmas y hacer un periodismo "en lógica de paz" que consiste en tratar de llegar a la raíz de los hechos y no quedarse con los simples sucesos del día, como si estos carecieran de contexto; es ver las dos caras de la moneda, tratar de entender los argumentos de uno y de otro, pero sobre todo, no caer en los argumentos propagandísticos que validan el enfrentamiento armado y el uso de la fuerza, es humanizar el conflicto y dar a entender que detrás de este hay seres humanos.
En segundo término, los medios de comunicación deben tratar de producir contenidos que ayuden a entender al ciudadano común lo que hay detrás del conflicto, darle la voz y plantear la mirada de la víctima y no del victimario. La víctima es la que ha sufrido en carne propia las consecuencias del enfrentamiento, tanto de uno, como de otro bando. Es necesario plantear programas de análisis que sean capaces de establecer una forma de comunicación educativa, para que ayude a reflexionar las raíces de fondo que han alimentado el conflicto y que no han permitido su resolución. Y aquí es necesario que los términos de paz no se piensen en si hay guerra o no la hay, sino, en la manera de solucionar los problemas de inequidad social, desigualdad económica, derechos de la mujer, de los niños, de los jóvenes, derecho a la educación, al trabajo, a la salud, a la vejez, a la protección del medio ambiente, que es la protección de la vida y de la supervivencia de la especie humana.
Los medios de comunicación se han pensado hasta el momento en lógicas comerciales, donde su interés por el rating y la pauta publicitaria los ha llevado a construir contenidos que subrayan el individualismo, la competencia y el valor material, por encima de los valores humanos y de la vida misma.
Construir una comunicación en lógicas de paz es romper con las lógicas que culturalmente nos han segregado y nos han hecho validar la violencia, se trata de hacer contenidos que permitan romper el machismo y la violencia contra la mujer y no validar los chistes que la reafirman. Se trata de producir contenidos que reivindiquen a los indígenas, las negritudes y los campesinos, quienes han sido maltratados continuamente a través de nuestra historia sobre la base de una lógica de superioridad blanca.
Un papel fundamental para el logro de estos objetivos, recae en manos de las agencias de publicidad, de las oficinas de mercadeo de las grandes empresas y de todo el sistema de promoción de productos y servicios que son la base económica del sostenimiento de los medios de comunicación comerciales. Estos actores pueden contribuir a la paz, alentando a la radio y la televisión a que diseñen y ofrezcan contenidos en lógicas de paz, se trata de decirle a los creativos de medios, a los libretistas, realizadores, productores, que sean capaces de ofrecer productos comunicativos altamente creativos, de impacto, pero con elementos que permitan reconstruir el tejido social en una lógica de paz.
Sólo voy a poner un ejemplo a manera de cierre para ilustrar parte de lo que he propuesto. Un alto porcentaje de los enlatados norteamericanos que pasan nuestros canales tiene como centro la acción violenta, personajes interpretados por Mel Gibson, Arnold Schwarzenegger, Sylvester Stallone, Jean-Claude Van Damme y Steven Seagal, solo para nombrar algunos, son mostrados como víctimas de actos violentos, con antagonistas malvados, totalmente deshumanizados, donde los "buenos" no tiene otro remedio que matar a su oponente. La lógica de la venganza y de la eliminación del otro ha alimentado nuestra televisión a lo largo de las tres últimas décadas, y ese argumento, validado culturalmente por otros discursos, termina haciéndole creer a la gente que no hay otro camino distinto que eliminar al otro. ¿Se podría cambiar esa lógica de programación? ¿Sería posible producir realitys en donde en lugar de promover la competencia y el individualismo se promueva la participación y lo colectivo? ¿Se podrían producir novelas en donde no se subraye el machismo de nuestra cultura, sino que se reflexione sobre el valor de las nuevas masculinidades? Es grande el reto que tiene los medios de comunicación, si quieren aceptar de verdad el papel de construir la paz del país.
Y en este sentido, el Estado tiene un papel fundamental, ya que le corresponde hacer cumplir la Cosntitución y generar una verdadera democratización de los medios de comunicación, que están concentrados en los monopolios de las grandes multinacionales. Los medios comunitarios y alternativos hacen un pequeño esfuerzo, pero no alcanzan a llegar de manera contundente con sus mensajes, entre otras cosas, porque no tienen ni los recursos técnicos y humanos para lograrlo y porque, muchas veces, al igual que los medios masivos comerciales, se quedan en la polarización, dibujando a todos los actores del establecimiento como los buenos y los malos, el malo es el otro al que hay que eliminar.
Referencias Bibliográficas
ESPINAR RUIZ, Eva; HERNÁNDEZ SÁNCHEZ, María Isabel, (2012), El periodismo de paz como paradigma de comunicación para el cambio social: características, dimensiones y obstáculos, CIC. Cuadernos de Información y Comunicación, vol. 17, Universidad Complutense, Madrid, disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=93524422009.
GUTIÉRREZ, Fernando; USECHE, Oscar; MARTÍNEZ, Carlos E.; NARANJO, Ligia (2015) Sembrando paz, programa de radio, Uniminuto Radio 1430 a.m., Bogotá, disponible en http://www.uniminutoradio.com/. (Buscar: "paz")
GUTIÉRREZ, Fernando; GIRÓ, Xavier, (2014), ¡Oiga profe!, programa de televisión, UNIMINUTO; Canal ZOOM, Bogotá, disponible en: http://fernandog18.wix.com/oigaprofe
LÓPEZ, Mario; MARTÍNEZ, Carlos E.; USECHE, Oscar, (2008), Ciudadanos en son de paz, propuestas de acción noviolenta para Colombia, UNIMINUTO, Bogotá.
MARTÍNEZ HINCAPIE, Carlos Eduardo, (2012), De nuevo la vida, el poder de la noviolencia y las transformaciones culturales, UNIMINUTO, Bogotá.
VILLOTA HURTADO, Omar; GUTIÉRREZ, Fernando; VELÁSQUEZ APONTE, Daysi, (2006), Cultura madiática, Internet y televisión, crítica y creatividad, CEDAL, Bogotá.
miércoles, 12 de abril de 2017
Del empoderamiento tecnológico al empoderamiento social
Publicado en la revista Interacción, No. 56, abril 1014 (ISBN 1909-5988)
Cuando la política gubernamental empezó a trabajar en forma el tema del desarrollo tecnológico de las regiones, por allá por el año 2002, después de que se definieron por primera vez en el Plan Nacional de Desarrollo del periodo 1998-2002, y se empezaron a montar los centros tecnológicos en las diferentes localidades y municipios del país, a través de programas como Compartel y Computadores para educar, el tema fue altamente criticado debido a que el proyecto contemplaba sólo el componente tecnológico, que implicó redes, equipos y una capacitación elemental sobre el manejo de las herramientas, de tal manera que muchos de los centros fueron subutilizados pues la gente, después de la capacitación, no le encontraba un verdadero uso para sus necesidades a la tecnología.
Y es que en los primeros procesos de capacitación, los talleres se limitaban al manejo básico de computador, al uso técnico del correo electrónico, el Chat, alguna otra red social y pare de contar. El sentido comunicacional y el beneficio social de la tecnología no se tenía en cuenta o era desconocido y simplemente se copiaban los modelos masivos de uso de las grandes capitales, que además responden al consumo globalizado del Internet. No había una verdadera cultura del Internet ni se conocían los múltiples proyectos que se pueden ejecutar para el desarrollo social con el uso de las Tic, sobre todo en las regiones. Los proyectos fueron realizados por técnicos, desde una mirada tecnológica, dónde lo más importante era la infraestructura y el aparato, y quedaba por puertas el factor humano y social.
En general, esta crítica ha sido frecuente en todos los espacios donde el Estado ha abordado el tema, sobre todo cuando la perspectiva educativa y comunicacional hacen parte fundamental del escenario. Desde colegios del distrito de Bogotá que montaron grandes laboratorios con equipos de última tecnología, pero luego quedaron bajo llave porque no había profesores que entendieran y manejaran el tema y no se le daba acceso a los estudiantes por temor a que los dañaran o le dieran un uso indebido, pasando por los colegios públicos en las diferentes regiones del país y los telecentros abiertos en diferentes municipios del país.
Precisamente uno de los problemas que más ha afectado el uso de las tecnologías en la educación y su inclusión ha sido la satanización que desde muchos sectores tradicionales educativos se la ha dado a la tecnología y el miedo de algunos docentes a sentirse ignorantes frente a sus estudiantes con su uso y el manejo del computador. Ha sido necesario que, poco a poco, se vayan implementado nuevas pedagogías que rompan paradigmas tradicionales y vean al profesor no como un transmisor de conocimiento, sino como un facilitador de aprendizaje, que a través del diálogo de saberes , espacio en el que se entiende al estudiante no como un objeto, sino como un sujeto que también tiene conocimientos y experiencias, logre desarrollar con sus estudiantes posibilidades para una verdadera apropiación de las Tic en beneficio de su propio desarrollo y el de las comunidades con las que interactúa.
Tener un sentido de apropiación del conocimiento es fundamental para que el uso de la tecnología no se relegue a un modelo de consumo de los usos que hacen los países desarrollados y sus industrias transnacionales en el mundo de la globalización, sino que a través de la producción de sus propios contenidos y una adecuada explotación del desarrollo tecnológico, se puedan generar procesos de desarrollo social alternativos, que valoren lo local desde sus tradiciones culturales, la memoria, la identidad y el empoderamiento de su sentido social.
Este proceso que ha sido muy lento, es una necesidad fundamental para el país, si quiere salir del "subdesarrollo" en el que ha sido catalogado y pretende cumplir con los retos del milenio que ha formulado las Naciones Unidas para el 2019. El tema tecnológico no sólo es un componente de esos retos, sino que su uso se convierte en un mecanismo transversal que ayuda a cumplir otros retos tales como juventud, infancia, género, mujer, inclusión, cultura, etc, etc.
En el último encuentro desarrollado por el Ministerio de las Tic, en Bogotá en noviembre pasado, se puede vislumbrar un cambio en la mentalidad de la aplicación de la política pública, dónde se ve que lo importante ya no es la implantación de una tecnología per se, sino que hay preocupación por el uso adecuado de las mismas en beneficio de un verdadero desarrollo social de las regiones y del país. Aunque el nombre del evento, "Soy TIC", sigue implicando una apropiación técnica, y refuerza la mirada primaria que hubo en la reforma de la denominación del ministerio encargado, cuando se le dio el nombre de Ministerio de las TIC, que cambio el sentido amplio que tenia de "comunicación" a un sentido instrumental de tecnología.
Es importante anotar que este cambio de mentalidad en los programas para el desarrollo y uso de las Tic no ha sido espontáneo. Las universidades y grupos sociales, sobre todo aquellas ONGs relacionadas con la educación y las tecnologías han ejercido una crítica férrea sobre las políticas instrumentales de los gobiernos de turno y ha ejercido presión para el cambio de mentalidad con respecto a su uso.
Es así, que en este evento se pudo ver como se están produciendo esos cambios, en experiencias y ejercicios que ayudan al desarrollo de la educación especial, adultos mayores, jóvenes emprendedores, niños científicos, en procesos que van desde el fortalecimiento de pequeñas y medianas industrias, desarrollo de didácticas y pedagogías, estrategias para la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente,
Por supuesto esto es sólo el inicio. Todavía siguen existiendo grandes problemas en la implementación de una verdadera política del uso de la tecnología para el desarrollo social. Los centros tecnológicos locales, que siguen funcionando como simples "café Internet", carecen de recursos y de personal capacitado para formular y desarrollar proyectos con y para las comunidades. En los colegios oficiales sigue existiendo una gran resistencia de parte de algunos profesores y las directivas carecen de estrategias que permitan aprovechar verdaderamente la capacidad instalada.
Pero por lo menos, se siente el cambio de mentalidad frente a los inicios desesperanzadores con que se inició el proceso de implementación y desarrollo tecnológico del país. Para ver la memoria de este evento y acceder a los documentos y videos de las diferentes ponencias que se presentaron se puede visitar el link: http://encuentro2013.soytic.gov.co/es/inicio, y pulsar la pestaña "Agenda y presentaciones"
Cuando la política gubernamental empezó a trabajar en forma el tema del desarrollo tecnológico de las regiones, por allá por el año 2002, después de que se definieron por primera vez en el Plan Nacional de Desarrollo del periodo 1998-2002, y se empezaron a montar los centros tecnológicos en las diferentes localidades y municipios del país, a través de programas como Compartel y Computadores para educar, el tema fue altamente criticado debido a que el proyecto contemplaba sólo el componente tecnológico, que implicó redes, equipos y una capacitación elemental sobre el manejo de las herramientas, de tal manera que muchos de los centros fueron subutilizados pues la gente, después de la capacitación, no le encontraba un verdadero uso para sus necesidades a la tecnología.
Y es que en los primeros procesos de capacitación, los talleres se limitaban al manejo básico de computador, al uso técnico del correo electrónico, el Chat, alguna otra red social y pare de contar. El sentido comunicacional y el beneficio social de la tecnología no se tenía en cuenta o era desconocido y simplemente se copiaban los modelos masivos de uso de las grandes capitales, que además responden al consumo globalizado del Internet. No había una verdadera cultura del Internet ni se conocían los múltiples proyectos que se pueden ejecutar para el desarrollo social con el uso de las Tic, sobre todo en las regiones. Los proyectos fueron realizados por técnicos, desde una mirada tecnológica, dónde lo más importante era la infraestructura y el aparato, y quedaba por puertas el factor humano y social.
En general, esta crítica ha sido frecuente en todos los espacios donde el Estado ha abordado el tema, sobre todo cuando la perspectiva educativa y comunicacional hacen parte fundamental del escenario. Desde colegios del distrito de Bogotá que montaron grandes laboratorios con equipos de última tecnología, pero luego quedaron bajo llave porque no había profesores que entendieran y manejaran el tema y no se le daba acceso a los estudiantes por temor a que los dañaran o le dieran un uso indebido, pasando por los colegios públicos en las diferentes regiones del país y los telecentros abiertos en diferentes municipios del país.
Precisamente uno de los problemas que más ha afectado el uso de las tecnologías en la educación y su inclusión ha sido la satanización que desde muchos sectores tradicionales educativos se la ha dado a la tecnología y el miedo de algunos docentes a sentirse ignorantes frente a sus estudiantes con su uso y el manejo del computador. Ha sido necesario que, poco a poco, se vayan implementado nuevas pedagogías que rompan paradigmas tradicionales y vean al profesor no como un transmisor de conocimiento, sino como un facilitador de aprendizaje, que a través del diálogo de saberes , espacio en el que se entiende al estudiante no como un objeto, sino como un sujeto que también tiene conocimientos y experiencias, logre desarrollar con sus estudiantes posibilidades para una verdadera apropiación de las Tic en beneficio de su propio desarrollo y el de las comunidades con las que interactúa.
Tener un sentido de apropiación del conocimiento es fundamental para que el uso de la tecnología no se relegue a un modelo de consumo de los usos que hacen los países desarrollados y sus industrias transnacionales en el mundo de la globalización, sino que a través de la producción de sus propios contenidos y una adecuada explotación del desarrollo tecnológico, se puedan generar procesos de desarrollo social alternativos, que valoren lo local desde sus tradiciones culturales, la memoria, la identidad y el empoderamiento de su sentido social.
Este proceso que ha sido muy lento, es una necesidad fundamental para el país, si quiere salir del "subdesarrollo" en el que ha sido catalogado y pretende cumplir con los retos del milenio que ha formulado las Naciones Unidas para el 2019. El tema tecnológico no sólo es un componente de esos retos, sino que su uso se convierte en un mecanismo transversal que ayuda a cumplir otros retos tales como juventud, infancia, género, mujer, inclusión, cultura, etc, etc.
En el último encuentro desarrollado por el Ministerio de las Tic, en Bogotá en noviembre pasado, se puede vislumbrar un cambio en la mentalidad de la aplicación de la política pública, dónde se ve que lo importante ya no es la implantación de una tecnología per se, sino que hay preocupación por el uso adecuado de las mismas en beneficio de un verdadero desarrollo social de las regiones y del país. Aunque el nombre del evento, "Soy TIC", sigue implicando una apropiación técnica, y refuerza la mirada primaria que hubo en la reforma de la denominación del ministerio encargado, cuando se le dio el nombre de Ministerio de las TIC, que cambio el sentido amplio que tenia de "comunicación" a un sentido instrumental de tecnología.
Es importante anotar que este cambio de mentalidad en los programas para el desarrollo y uso de las Tic no ha sido espontáneo. Las universidades y grupos sociales, sobre todo aquellas ONGs relacionadas con la educación y las tecnologías han ejercido una crítica férrea sobre las políticas instrumentales de los gobiernos de turno y ha ejercido presión para el cambio de mentalidad con respecto a su uso.
Es así, que en este evento se pudo ver como se están produciendo esos cambios, en experiencias y ejercicios que ayudan al desarrollo de la educación especial, adultos mayores, jóvenes emprendedores, niños científicos, en procesos que van desde el fortalecimiento de pequeñas y medianas industrias, desarrollo de didácticas y pedagogías, estrategias para la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente,
Por supuesto esto es sólo el inicio. Todavía siguen existiendo grandes problemas en la implementación de una verdadera política del uso de la tecnología para el desarrollo social. Los centros tecnológicos locales, que siguen funcionando como simples "café Internet", carecen de recursos y de personal capacitado para formular y desarrollar proyectos con y para las comunidades. En los colegios oficiales sigue existiendo una gran resistencia de parte de algunos profesores y las directivas carecen de estrategias que permitan aprovechar verdaderamente la capacidad instalada.
Pero por lo menos, se siente el cambio de mentalidad frente a los inicios desesperanzadores con que se inició el proceso de implementación y desarrollo tecnológico del país. Para ver la memoria de este evento y acceder a los documentos y videos de las diferentes ponencias que se presentaron se puede visitar el link: http://encuentro2013.soytic.gov.co/es/inicio, y pulsar la pestaña "Agenda y presentaciones"
Retos en la producción de la televisión colombiana
Publicado en la revista Interacción, No. 41, noviembre de 2004 (ISBN 1909-5988)
Expresiones como "socio", "chanfle", "tuqui tuqui lulú" hicieron parte de un momento de la cotidianidad de nuestra cultura y hacen parte de la memoria de diferentes generaciones de televidentes, que crecieron o crecimos con la pantalla chica. Podemos mencionar personajes que van desde toda la gama creada por Roberto Gómez Bolaños, "Chespirito", como el Chavo del ocho, el Chapulín Colorado, el doctor Chapatín, etc, pasan por los personajes de la primera generación de Plaza Sésamo, como Beto y Enrique, Paco, Abelardo, Lucas, la famosa Rana René, etc? hasta Eutimio Pastrana Polanía, de Don Chinche, William Guillermo el conductor de Romeo y Buseta, Oswaldo y el Triplepapito de Vuelo Secreto? Y así podríamos seguir en una lista interminable de personajes tan cercanos que parece que hubieran habitado nuestras casas y a los cuales conocimos mejor que a muchos de nuestros propios familiares. Y es que desde que apareció la televisión, no ha dejado de ser ese asiduo visitante, primero formal en la sala de nuestra casa y luego íntimo y confidencial en nuestras habitaciones. Colombia no ha sido la excepción. Hace 50 años llegó a nuestro país, para quedarse y hacer parte de la construcción de nuestra memoria e identidad cultural, empezando a generar desde el principio, lo que los teóricos vinieron a llamar hibridaciones culturales. Pero sobre el análisis de recepción y de los discursos se ha hablado mucho, aquí nos ocuparemos más bien de las diferentes visiones, desde las que se han producido los géneros y formatos que nos han acompañado a lo largo de estos 50 años, y de los retos de la producción televisiva para el futuro. En sus inicios, la televisión se hace en vivo y en directo. No hay posibilidad de grabar, porque la tecnología no ha llegado a ese punto de desarrollo. Presentadores, locutores y actores, esperan ansiosos el conteo regresivo: 5? 4? 3? terminan mentalmente y saben que la señal ya está al aire y que cientos de espectadores los están observando. Las conferencias con temas académicos relacionados con la cultura, la historia, el arte, y demás, fueron los programas que inicialmente se transmitieron en nuestra televisión. No exigían mayor preparación, y las cámaras simplemente se dedicaban al registro de la imagen del conferencista con los gráficos que él utilizara, como si se tratara de un salón de clase o una sala de conferencias. La entretención estaba definida por la presentación de grupos musicales en estudio, cantantes, guitarristas, etc., aunque procurando que los grupos musicales no fueran muy grandes y no tuvieran mayores exigencias técnicas en el manejo del sonido. Los informativos se limitaban a la lectura de noticias a través de un locutor, cuya principal habilidad radicaba en su capacidad para levantar la mirada del papel y dirigirse al televidente sin perder la línea en la cuartilla. El riesgo más grande era la hora del teleteatro, porque los actores estaban acostumbrados a las tablas o a la lectura del libreto en el radioteatro, pero en televisión esas condiciones cambiaban bastante. Uno de los errores comunes de la época, era el de la sombra del micrófono proyectada en las paredes del set, causada por la iluminación en el estudio. Un breve repaso por el género dramatizado En la década de los sesenta, una española con una ferrea formación en el teatro alemán, Alicia del Carpio, crea la comedia que va a ser parte del imaginario colectivo de los televidentes de la época: "Yo y tú". Durante más de 20 años representó y reflejó en la pantalla chica las costumbres y los comportamientos de la clase media bogotana, tanto de la conformada por la gente que había nacido aquí, como la de la gente de otras regiones del país que llegaba y se insertaba en esta cultura capitalina. "Yo y tú" logró traspasar la experiencia del teleteatro en vivo, al de la experiencia del pregrabado, en cintas gigantescas de dos pulgadas, y dio paso a quienes más adelante se convertirían en las grandes estrellas de la actuación en nuestra televisión. Muchas de ellas hoy han desaparecido y otras, ya mayores, hacen parte de esa constelación de artistas de nuestra televisión altamente reconocidas como Consuelo Luzardo, Pepe Sánchez y Carlos Muñoz. "Yo y tú" está inserta en la mente de las generaciones de televidentes de las décadas del sesenta, setenta y ochenta y es un referente obligatorio del género dramatizado televisivo en Colombia. Luego se dio paso a la comedia costumbrista con personajes populares, la mayoría venidos a Bogotá de otras regiones del país. En ellas se reflejaba la nueva Bogotá, la que crecía de forma desmedida y conformaba la síntesis de nuestra idiosincrasia colombiana. La comedia más recordada sin duda es "El Chinche", pero también hay que destacar a "Romeo y Buseta" y "La posada". Al final de la década de los ochenta e inicios de los noventa, Juan Manuel Cáceres da vida a una comedia que regresa a los personajes de clase media, los hijos de estas clases populares nacidos en Bogotá, pero con las raíces regionales propias de sus padres: "Vuelo Secreto", que refleja la cotidianidad de la oficina de trabajo. Bogotá es una ciudad pujante, de empresas pequeñas y empresarios que buscan el éxito en una economía capitalista. Sus empleados, gente de clases populares que a través del éxito dado por el boom de las ventas, busca insertarse en la clase media. El mundo del arribismo y el escalamiento social. Sueños de carros y apartamentos, ropa de marca y todo lo que pueda dar una imagen de estabilidad y economía. Latinoamérica aporta a la televisión su propio formato en el género dramatizado: La Telenovela, el melodrama es entregado a los televidentes en dosis diarias de media hora. Inicialmente, la telenovela se basa en la literatura. En Colombia se va caracterizando este género por crear elementos propios, diferenciándose de la que se hace en México o Venezuela. La nuestra tiene argumentos enriquecidos, personajes muy variados y propuestas atrevidas que rompen con los esquemas normales del melodrama, utilizando personajes costumbristas y diálogos muy literarios. "San Tropel" y "Caballo Viejo", solo para nombrar dos casos, son un ejemplo fiel de esa diferencia que destaca nuestra telenovela. En esa búsqueda de explorar nuevas propuestas, y en esa capacidad que tiene nuestra televisión de experimentar, surge una época muy interesante donde se destaca un discurso de género. Ninguna novela latinoamericana se había atrevido a exponer lo que la televisión Colombiana expuso en su momento, en tres casos específicos. La mujer que se supera en el mundo laboral, que demuestra que está a la altura del hombre en el manejo de las relaciones empresariales y comerciales y que no necesita de la "prótesis" masculina para destacarse en la sociedad: "Café, con aroma de mujer"; La mujer de edad madura, cuarentona, con hijos grandes y un largo matrimonio, que descubre que esa no es la vida que quiere, se separa, se independiza económicamente de su marido y se une a un hombre menor que ella: "Señora Isabel"; Y por último, el rompimiento del mito de la belleza, el que demuestra que no solo las bonitas tienen derecho a enamorarse: "Betty la fea". La crítica social y la reflexión sobre la situación que vive el país tampoco ha sido ajena al género dramatizado de nuestra televisión. En "La alternativa del Escorpión", se criticó al periodismo televisivo y se denunció su estrecho vínculo con los poderes políticos y económicos y la manipulación de la información en pos de intereses particulares. En "Cuando Quiero Llorar no Lloro", más conocida como "Los Victorinos" se mostró la enorme injusticia social que vive el país en sus diferencias de clase y en "Vivir la Vida" se demostró como la injusticia social lleva a que las clases menos favorecidas accedan a una forma de vida delincuencial, para tratar de alcanzar lo que el orden económico de explotación impuesta por la economía le niega. Por último, para terminar este muy breve repaso por la memoria dramatizada de nuestra televisión, es importante mencionar las grandes producciones, que a través de un lenguaje cinematográfico y libretos de excelente calidad, pusieron un sello internacional a nuestras realizaciones televisivas, son ellas: "Azúcar", a través de la cual se narra la historia de las grandes haciendas e ingenios azucareros. "La Casa de las dos palmas" en la que se cuenta como la cultura paisa colonizó la montaña y yendo en el lomo de mula, el comercio y el contrabando se fue afianzando la cultura de toda una región montañosa y "Escalona" el reflejo de la cultura vallenata Colombiana, rica en leyendas, mitos y costumbres, serie a partir de la cual Carlos Vives, el actor que representó a Rafael Escalona en la serie y cantó sus canciones, logró proyectarse al mercado internacional, y atravesar las fronteras para ubicarse y ubicar nuestra música dentro del contexto globalizado de las culturas. Los retos en la producción de la televisión colombiana En un principio, los formatos y modos de producción de la radio se trasladaron a la televisión. Se entendía que la televisión por ser un medio de transmisión eléctrica, cuya señal se irradiaba a través de las ondas hertzianas, era muy cercana a la radio. Presentadores, locutores y animadores famosos de la radio, coparon los espacios de la televisión, usando el mismo estilo que allí les había dado aceptación y fama. Concursos, musicales y teleteatro se fueron haciendo fuertes. El concepto de producción teatral también se trasladó a la televisión, sobre todo en dramatizados y musicales. Se concebía el set como el escenario teatral y las cámaras asumían la actitud del público encargándose simplemente de registrar lo que sucedía en el escenario. Mucho tiempo pasó antes de que se reconociera que en realidad, el lenguaje más próximo a la televisión era el del cine, y que sus formas de producción debieran ser las que alimentaran la realización televisiva. Sus características de lenguaje conjugadas por la imagen y el sonido, exigían un tratamiento audiovisual que sólo el cine había desarrollado. Y en ese lenguaje, la cámara juega un papel importante, ya que no solo registra los hechos, sino que puede asumir diferentes "puntos de vista" y definir posiciones subjetivas propias, que el director quiere definir como discurso. La cámara no es entonces un instrumento de registro, sino un elemento importante a través del cual se define el lenguaje. Esto se vio claramente en Colombia, al incursionar en la televisión los directores y productores de cine, como Carlos Mayolo, Jorge Alí Triana y Lisandro Duque, quienes se habían negado constantemente a participar en ella, ya que la consideraban un medio vulgar para sus objetivos. Sin embargo, la ausencia de una industria cinematográfica y la desaparición de los pocos apoyos estatales, obligaron a estos profesionales a buscar una salida a su quehacer y formas de trabajar. Con su ingreso se demostró que sí se podían hacer producciones de alto nivel, que eran rentables y que además la gente si estaba preparada para ver discursos y mensajes que invitaran a la reflexión y la crítica. Es importante destacar que Colombia incursionó en la televisión antes que países como España y México, y que ha tenido gran capacidad para enfrentar los retos y dificultades que se le han presentado de manera ingeniosa y particular. La televisión colombiana fue en un principio estatal, de hecho es el Estado el que monta toda su infraestructura y empieza a transmitir inicialmente, luego, crea una figura sólo usada en Colombia que es el sistema mixto de producción, donde el Estado es el dueño de la infraestructura y de la señal de televisión, y a través de licitación adjudica espacios a empresas privadas, para que estos produzcan sus programas y los comercialicen. Esto generó, en apariencia, una industria débil que no podía hacer mayores proyecciones ni inversiones hacia el futuro, sin embargo, visto hoy frente a la producción de la televisión privada, ese sistema permitió que se asumieran retos importantes, que le dieron identidad a nuestra televisión y que en medio del sello comercial, que siempre ha imperado en la industria, se construyera una memoria con reconocimiento cultural para nuestro país. Había pluralidad, cierto nivel de participación y enfoques diferentes, además de una programación variada en géneros y formatos. Hoy, cuando la televisión colombiana cumple 50 años y lleva cinco de privatización, todos estos elementos que se habían logrado, parecen estar desapareciendo. De una diversidad de géneros y formatos, pasamos únicamente a la telenovela ramplona y al reality show; de la pluralidad y diferentes puntos de vista en el manejo de la información, pasamos sólo a la visión enmarcada por los intereses de los dos grandes monopolios; de franjas televisivas claramente definidas, donde se cubría una buena parte de los públicos y de sus intereses televisivos, pasamos a la anarquía de la programación, donde los canales cambian los horarios de su programación, para forzar al televidente a ver lo que ellos quieren que vean. La posibilidad de una televisión variada queda relegada a unos pocos privilegiados, que pueden pagar las tarifas de los canales por cable. La gran masa de la población, aquella que durante décadas construyó parte de su memoria a partir de la pantalla chica, hoy debe resignarse a una televisión, más que comercial, mercantilista. El aparente ingreso al mercado internacional de la producción televisiva, ha degenerado en la entrega de nuestra identidad y valores culturales, en favor de una televisión gobernada por los grandes monopolios internacionales del entretenimiento. Los formatos de los reality shows son creados y patentados en Inglaterra, comercializados y vendidos a América Latina por España y consumidos a unos costos altísimos por el público masivo de nuestro continente. Colombia se niega a pensar que puede crear una industria con identidad propia, negando su historia y tradición en la producción televisiva, y prefiere comprar y copiar fórmulas extranjeras "globalizantes", como el caso del modelo de la telenovela impuesto por México. Ahora, los personajes de las telenovelas colombianas se visten como los mexicanos, hablan como los méxicanos, y se matan al mejor estilo de la canción norteña mexicana. Lo más grave es que no copiamos lo mejor de la producción y de la cultura mexicana, sino lo más ordinario y banal, entre otras porque "se quiere entrar al mercado de Miami". ¿Quiénes están produciendo la televisión hoy? Creo que esa es una pregunta que debería hacerse la universidad y, sobre todo, las facultades de comunicación, porque quizás parte del problema sea, que las facultades de comunicación se han limitado a graduar "comunicólogos", pero no profesionales preparados para asumir el reto de crear procesos de comunicación, que construyan masivamente dentro de la sociedad. Si la visión de la producción televisiva se deja en manos únicamente de inversionistas, mercadotecnistas y administradores, el futuro del impacto del mensaje televisivo va a ser cada vez más precario. El papel del comunicador no debe ser el de quedarse mirando desde la barrera, analizando cómo afecta ese mensaje o cómo es interpretado por el público, sino que debe participar en la creación de modelos de producción, que permitan construir una sociedad con identidad y valores culturales y, al mismo tiempo, genere excedentes para un inversionista que ve la televisión como negocio y que, con razón, quiere recuperar lo que ha invertido.
Expresiones como "socio", "chanfle", "tuqui tuqui lulú" hicieron parte de un momento de la cotidianidad de nuestra cultura y hacen parte de la memoria de diferentes generaciones de televidentes, que crecieron o crecimos con la pantalla chica. Podemos mencionar personajes que van desde toda la gama creada por Roberto Gómez Bolaños, "Chespirito", como el Chavo del ocho, el Chapulín Colorado, el doctor Chapatín, etc, pasan por los personajes de la primera generación de Plaza Sésamo, como Beto y Enrique, Paco, Abelardo, Lucas, la famosa Rana René, etc? hasta Eutimio Pastrana Polanía, de Don Chinche, William Guillermo el conductor de Romeo y Buseta, Oswaldo y el Triplepapito de Vuelo Secreto? Y así podríamos seguir en una lista interminable de personajes tan cercanos que parece que hubieran habitado nuestras casas y a los cuales conocimos mejor que a muchos de nuestros propios familiares. Y es que desde que apareció la televisión, no ha dejado de ser ese asiduo visitante, primero formal en la sala de nuestra casa y luego íntimo y confidencial en nuestras habitaciones. Colombia no ha sido la excepción. Hace 50 años llegó a nuestro país, para quedarse y hacer parte de la construcción de nuestra memoria e identidad cultural, empezando a generar desde el principio, lo que los teóricos vinieron a llamar hibridaciones culturales. Pero sobre el análisis de recepción y de los discursos se ha hablado mucho, aquí nos ocuparemos más bien de las diferentes visiones, desde las que se han producido los géneros y formatos que nos han acompañado a lo largo de estos 50 años, y de los retos de la producción televisiva para el futuro. En sus inicios, la televisión se hace en vivo y en directo. No hay posibilidad de grabar, porque la tecnología no ha llegado a ese punto de desarrollo. Presentadores, locutores y actores, esperan ansiosos el conteo regresivo: 5? 4? 3? terminan mentalmente y saben que la señal ya está al aire y que cientos de espectadores los están observando. Las conferencias con temas académicos relacionados con la cultura, la historia, el arte, y demás, fueron los programas que inicialmente se transmitieron en nuestra televisión. No exigían mayor preparación, y las cámaras simplemente se dedicaban al registro de la imagen del conferencista con los gráficos que él utilizara, como si se tratara de un salón de clase o una sala de conferencias. La entretención estaba definida por la presentación de grupos musicales en estudio, cantantes, guitarristas, etc., aunque procurando que los grupos musicales no fueran muy grandes y no tuvieran mayores exigencias técnicas en el manejo del sonido. Los informativos se limitaban a la lectura de noticias a través de un locutor, cuya principal habilidad radicaba en su capacidad para levantar la mirada del papel y dirigirse al televidente sin perder la línea en la cuartilla. El riesgo más grande era la hora del teleteatro, porque los actores estaban acostumbrados a las tablas o a la lectura del libreto en el radioteatro, pero en televisión esas condiciones cambiaban bastante. Uno de los errores comunes de la época, era el de la sombra del micrófono proyectada en las paredes del set, causada por la iluminación en el estudio. Un breve repaso por el género dramatizado En la década de los sesenta, una española con una ferrea formación en el teatro alemán, Alicia del Carpio, crea la comedia que va a ser parte del imaginario colectivo de los televidentes de la época: "Yo y tú". Durante más de 20 años representó y reflejó en la pantalla chica las costumbres y los comportamientos de la clase media bogotana, tanto de la conformada por la gente que había nacido aquí, como la de la gente de otras regiones del país que llegaba y se insertaba en esta cultura capitalina. "Yo y tú" logró traspasar la experiencia del teleteatro en vivo, al de la experiencia del pregrabado, en cintas gigantescas de dos pulgadas, y dio paso a quienes más adelante se convertirían en las grandes estrellas de la actuación en nuestra televisión. Muchas de ellas hoy han desaparecido y otras, ya mayores, hacen parte de esa constelación de artistas de nuestra televisión altamente reconocidas como Consuelo Luzardo, Pepe Sánchez y Carlos Muñoz. "Yo y tú" está inserta en la mente de las generaciones de televidentes de las décadas del sesenta, setenta y ochenta y es un referente obligatorio del género dramatizado televisivo en Colombia. Luego se dio paso a la comedia costumbrista con personajes populares, la mayoría venidos a Bogotá de otras regiones del país. En ellas se reflejaba la nueva Bogotá, la que crecía de forma desmedida y conformaba la síntesis de nuestra idiosincrasia colombiana. La comedia más recordada sin duda es "El Chinche", pero también hay que destacar a "Romeo y Buseta" y "La posada". Al final de la década de los ochenta e inicios de los noventa, Juan Manuel Cáceres da vida a una comedia que regresa a los personajes de clase media, los hijos de estas clases populares nacidos en Bogotá, pero con las raíces regionales propias de sus padres: "Vuelo Secreto", que refleja la cotidianidad de la oficina de trabajo. Bogotá es una ciudad pujante, de empresas pequeñas y empresarios que buscan el éxito en una economía capitalista. Sus empleados, gente de clases populares que a través del éxito dado por el boom de las ventas, busca insertarse en la clase media. El mundo del arribismo y el escalamiento social. Sueños de carros y apartamentos, ropa de marca y todo lo que pueda dar una imagen de estabilidad y economía. Latinoamérica aporta a la televisión su propio formato en el género dramatizado: La Telenovela, el melodrama es entregado a los televidentes en dosis diarias de media hora. Inicialmente, la telenovela se basa en la literatura. En Colombia se va caracterizando este género por crear elementos propios, diferenciándose de la que se hace en México o Venezuela. La nuestra tiene argumentos enriquecidos, personajes muy variados y propuestas atrevidas que rompen con los esquemas normales del melodrama, utilizando personajes costumbristas y diálogos muy literarios. "San Tropel" y "Caballo Viejo", solo para nombrar dos casos, son un ejemplo fiel de esa diferencia que destaca nuestra telenovela. En esa búsqueda de explorar nuevas propuestas, y en esa capacidad que tiene nuestra televisión de experimentar, surge una época muy interesante donde se destaca un discurso de género. Ninguna novela latinoamericana se había atrevido a exponer lo que la televisión Colombiana expuso en su momento, en tres casos específicos. La mujer que se supera en el mundo laboral, que demuestra que está a la altura del hombre en el manejo de las relaciones empresariales y comerciales y que no necesita de la "prótesis" masculina para destacarse en la sociedad: "Café, con aroma de mujer"; La mujer de edad madura, cuarentona, con hijos grandes y un largo matrimonio, que descubre que esa no es la vida que quiere, se separa, se independiza económicamente de su marido y se une a un hombre menor que ella: "Señora Isabel"; Y por último, el rompimiento del mito de la belleza, el que demuestra que no solo las bonitas tienen derecho a enamorarse: "Betty la fea". La crítica social y la reflexión sobre la situación que vive el país tampoco ha sido ajena al género dramatizado de nuestra televisión. En "La alternativa del Escorpión", se criticó al periodismo televisivo y se denunció su estrecho vínculo con los poderes políticos y económicos y la manipulación de la información en pos de intereses particulares. En "Cuando Quiero Llorar no Lloro", más conocida como "Los Victorinos" se mostró la enorme injusticia social que vive el país en sus diferencias de clase y en "Vivir la Vida" se demostró como la injusticia social lleva a que las clases menos favorecidas accedan a una forma de vida delincuencial, para tratar de alcanzar lo que el orden económico de explotación impuesta por la economía le niega. Por último, para terminar este muy breve repaso por la memoria dramatizada de nuestra televisión, es importante mencionar las grandes producciones, que a través de un lenguaje cinematográfico y libretos de excelente calidad, pusieron un sello internacional a nuestras realizaciones televisivas, son ellas: "Azúcar", a través de la cual se narra la historia de las grandes haciendas e ingenios azucareros. "La Casa de las dos palmas" en la que se cuenta como la cultura paisa colonizó la montaña y yendo en el lomo de mula, el comercio y el contrabando se fue afianzando la cultura de toda una región montañosa y "Escalona" el reflejo de la cultura vallenata Colombiana, rica en leyendas, mitos y costumbres, serie a partir de la cual Carlos Vives, el actor que representó a Rafael Escalona en la serie y cantó sus canciones, logró proyectarse al mercado internacional, y atravesar las fronteras para ubicarse y ubicar nuestra música dentro del contexto globalizado de las culturas. Los retos en la producción de la televisión colombiana En un principio, los formatos y modos de producción de la radio se trasladaron a la televisión. Se entendía que la televisión por ser un medio de transmisión eléctrica, cuya señal se irradiaba a través de las ondas hertzianas, era muy cercana a la radio. Presentadores, locutores y animadores famosos de la radio, coparon los espacios de la televisión, usando el mismo estilo que allí les había dado aceptación y fama. Concursos, musicales y teleteatro se fueron haciendo fuertes. El concepto de producción teatral también se trasladó a la televisión, sobre todo en dramatizados y musicales. Se concebía el set como el escenario teatral y las cámaras asumían la actitud del público encargándose simplemente de registrar lo que sucedía en el escenario. Mucho tiempo pasó antes de que se reconociera que en realidad, el lenguaje más próximo a la televisión era el del cine, y que sus formas de producción debieran ser las que alimentaran la realización televisiva. Sus características de lenguaje conjugadas por la imagen y el sonido, exigían un tratamiento audiovisual que sólo el cine había desarrollado. Y en ese lenguaje, la cámara juega un papel importante, ya que no solo registra los hechos, sino que puede asumir diferentes "puntos de vista" y definir posiciones subjetivas propias, que el director quiere definir como discurso. La cámara no es entonces un instrumento de registro, sino un elemento importante a través del cual se define el lenguaje. Esto se vio claramente en Colombia, al incursionar en la televisión los directores y productores de cine, como Carlos Mayolo, Jorge Alí Triana y Lisandro Duque, quienes se habían negado constantemente a participar en ella, ya que la consideraban un medio vulgar para sus objetivos. Sin embargo, la ausencia de una industria cinematográfica y la desaparición de los pocos apoyos estatales, obligaron a estos profesionales a buscar una salida a su quehacer y formas de trabajar. Con su ingreso se demostró que sí se podían hacer producciones de alto nivel, que eran rentables y que además la gente si estaba preparada para ver discursos y mensajes que invitaran a la reflexión y la crítica. Es importante destacar que Colombia incursionó en la televisión antes que países como España y México, y que ha tenido gran capacidad para enfrentar los retos y dificultades que se le han presentado de manera ingeniosa y particular. La televisión colombiana fue en un principio estatal, de hecho es el Estado el que monta toda su infraestructura y empieza a transmitir inicialmente, luego, crea una figura sólo usada en Colombia que es el sistema mixto de producción, donde el Estado es el dueño de la infraestructura y de la señal de televisión, y a través de licitación adjudica espacios a empresas privadas, para que estos produzcan sus programas y los comercialicen. Esto generó, en apariencia, una industria débil que no podía hacer mayores proyecciones ni inversiones hacia el futuro, sin embargo, visto hoy frente a la producción de la televisión privada, ese sistema permitió que se asumieran retos importantes, que le dieron identidad a nuestra televisión y que en medio del sello comercial, que siempre ha imperado en la industria, se construyera una memoria con reconocimiento cultural para nuestro país. Había pluralidad, cierto nivel de participación y enfoques diferentes, además de una programación variada en géneros y formatos. Hoy, cuando la televisión colombiana cumple 50 años y lleva cinco de privatización, todos estos elementos que se habían logrado, parecen estar desapareciendo. De una diversidad de géneros y formatos, pasamos únicamente a la telenovela ramplona y al reality show; de la pluralidad y diferentes puntos de vista en el manejo de la información, pasamos sólo a la visión enmarcada por los intereses de los dos grandes monopolios; de franjas televisivas claramente definidas, donde se cubría una buena parte de los públicos y de sus intereses televisivos, pasamos a la anarquía de la programación, donde los canales cambian los horarios de su programación, para forzar al televidente a ver lo que ellos quieren que vean. La posibilidad de una televisión variada queda relegada a unos pocos privilegiados, que pueden pagar las tarifas de los canales por cable. La gran masa de la población, aquella que durante décadas construyó parte de su memoria a partir de la pantalla chica, hoy debe resignarse a una televisión, más que comercial, mercantilista. El aparente ingreso al mercado internacional de la producción televisiva, ha degenerado en la entrega de nuestra identidad y valores culturales, en favor de una televisión gobernada por los grandes monopolios internacionales del entretenimiento. Los formatos de los reality shows son creados y patentados en Inglaterra, comercializados y vendidos a América Latina por España y consumidos a unos costos altísimos por el público masivo de nuestro continente. Colombia se niega a pensar que puede crear una industria con identidad propia, negando su historia y tradición en la producción televisiva, y prefiere comprar y copiar fórmulas extranjeras "globalizantes", como el caso del modelo de la telenovela impuesto por México. Ahora, los personajes de las telenovelas colombianas se visten como los mexicanos, hablan como los méxicanos, y se matan al mejor estilo de la canción norteña mexicana. Lo más grave es que no copiamos lo mejor de la producción y de la cultura mexicana, sino lo más ordinario y banal, entre otras porque "se quiere entrar al mercado de Miami". ¿Quiénes están produciendo la televisión hoy? Creo que esa es una pregunta que debería hacerse la universidad y, sobre todo, las facultades de comunicación, porque quizás parte del problema sea, que las facultades de comunicación se han limitado a graduar "comunicólogos", pero no profesionales preparados para asumir el reto de crear procesos de comunicación, que construyan masivamente dentro de la sociedad. Si la visión de la producción televisiva se deja en manos únicamente de inversionistas, mercadotecnistas y administradores, el futuro del impacto del mensaje televisivo va a ser cada vez más precario. El papel del comunicador no debe ser el de quedarse mirando desde la barrera, analizando cómo afecta ese mensaje o cómo es interpretado por el público, sino que debe participar en la creación de modelos de producción, que permitan construir una sociedad con identidad y valores culturales y, al mismo tiempo, genere excedentes para un inversionista que ve la televisión como negocio y que, con razón, quiere recuperar lo que ha invertido.
El diagnóstico y su papel en el diseño del mensaje televisivo
Publicado en la revista Interacción, No. 30-31, noviembre 2002
(ISSN 0122-2506)
El error más frecuente que cometen los realizadores de televisión comunitaria, es el de diseñar un espacio, partiendo de la copia de un programa de televisión comercial masivo. Esto lleva a proponer un esquema que no responde a las necesidades de la comunidad y que no gusta, porque frente al modelo original resulta pobre, sin creatividad, sin talento y muy mal producido. El realizador no debe olvidar que el diagnóstico es el proceso que debe anteceder el diseño de un espacio para televisión comunitaria.
El diagnóstico está presente en cada una de las fases organizativas de la comunidad. A través de él se pueden detectar las dificultades, problemas y necesidades que se atraviesan y se podrán definir caminos que permitan la solución de éstos.
Gracias al diagnóstico es posible diseñar estrategias que permitan el cambio de las situaciones que afectan a la comunidad, porque permite el conocimiento profundo de los hechos que se mueven a su interior y la reflexión de los mismos; a través de él, podemos realizar un análisis sistemático de los fenómenos que se mueven al interior de la comunidad y de sus diferentes mecanismos de interacción.
Definir un diagnóstico requiere de un trabajo ordenado y metódico que va evolucionando en cada uno de lo procesos que gesta la comunidad y que parten desde el mismo hecho de organizarse como tal, hasta detectar situaciones particulares que se viven al interior y que requieren de acciones específicas para su solución.
El diagnóstico utiliza una serie de herramientas como son encuestas, entrevistas, reuniones grupales, guías de análisis, clínicas de trabajo, construcción de la memoria, historias de vida, mapas sociales, análisis de materiales de archivo, etc.
Detectar el tipo de comunicación y de mensajes que necesita la comunidad requiere de su propio diagnóstico y se puede realizar en las diferentes etapas de la organización y la gestión de desarrollo elaborada por la comunidad. Parte de la organización de los procesos comunicacionales individuales y de grupo y puede llegar a las formas de comunicación a través de medios comunicacionales como la radio, la prensa, la televisión y otros a que haya lugar.
En el caso que nos compete de la televisión comunitaria, el diseño de mensajes requiere llevar adelantados una serie de procesos. La comunidad ya debe haber trabajado en la organización de la misma, en la detección de las principales necesidades por las que atraviesa y en la manera de iniciar la gestión que les permita solucionar los problemas que viven, pero sobre todo, debe tener claro que el desarrollo de un programa de televisión comunitaria es posible y necesario, solo dentro de la ejecución de un plan comunicacional, en el que la televisión es sólo uno de los componentes dentro de una serie de estrategias que buscan mejorar la comunicación al interior de ésta.
El desarrollo de la televisión comunitaria es un proceso que requiere de la aplicación de todo un programa1, en todo lo primero que se debe clarificar es su organización, plan de gestión, financiación, impacto en la comunidad, desarrollo técnico, administrativo, creativo y, por último, la forma en que la comunidad va a participar activamente en la realización de su programación. Es poner en funcionamiento una empresa comunitaria, en la que están perfectamente clarificados su visión y su misión.
Una visión que responde a la posibilidad futura de vivir en una comunidad mejor, con más oportunidades para sus integrantes, con un amplio criterio democrático, participativo y pluralista. Con una misión clara de educar y recrear2 en la construcción de identidad y formación de consciencia social, donde el hombre se responsabiliza de su carácter ciudadano. El diseño del mensaje general de la televisión comunitaria estará orientado por su misión y debe dar respuesta a cada uno de sus objetivos.
El diseño de un espacio para televisión comunitaria debe cumplir con el objetivo de ser un instrumento de tipo comunicacional que sirva como herramienta dentro de un programa diseñado por la comunidad para cubrir alguna de las tantas necesidades o problemáticas que viven sus individuos y en las que la organización viene desarrollando diferentes tipos de proyectos.
Por lo tanto, el desarrollo de un espacio para televisión comunitaria es el resultado de un diagnóstico que define, entre otros puntos, los siguientes: resolver o ayudar en la solución de una necesidad comunicacional, ayudar a la construcción de identidad e invitar a la participación social, apoyar programas y proyectos de desarrollo social que se estén ejecutando desde otros ámbitos, permitir que haya un acercamiento a los diferentes puntos de vista de los conflictos que se viven al interior de la comunidad y acercar a una posible mediación, etc.
Para llegar al diseño de un espacio de televisión comunitaria se pueden analizar cuatro formas de diagnóstico anteriores: el que definió las dificultades que vive la comunidad, el que planteó las necesidades comunicacionales y el que sugirió que la televisión era un medio apropiado para el desarrollo de la misma, para luego llegar al que nos permita orientar el mensaje y las características de dicho espacio.
Los pasos que nos permiten llegar a un diagnóstico apropiado son: definir unos objetivos, seleccionar y aplicar unas herramientas, determinar las características del entorno, las posibles tendencias y las acciones que se pueden cubrir desde el espacio televisivo.
Una comunidad específica no necesariamente tiene que montar un canal para realizar y emitir sus espacios televisivos, ya que este requiere de una infraestructura costosa, equipo técnico y humano capacitado y altos niveles de inversiones, sino que puede buscar la manera de acceder a un canal local o regional, o mejor aún, a la parabólica de la zona.
El error más frecuente que cometen los realizadores de televisión comunitaria, es el de diseñar un espacio, partiendo de la copia de un programa de televisión comercial masivo. Esto lleva a proponer un esquema que no responde a las necesidades de la comunidad y que no gusta, porque frente al modelo original resulta pobre, sin creatividad, sin talento y muy mal producido. El realizador no debe olvidar que el diagnóstico es el proceso que debe anteceder el diseño de un espacio para televisión comunitaria.
El diagnóstico está presente en cada una de las fases organizativas de la comunidad. A través de él se pueden detectar las dificultades, problemas y necesidades que se atraviesan y se podrán definir caminos que permitan la solución de éstos.
Gracias al diagnóstico es posible diseñar estrategias que permitan el cambio de las situaciones que afectan a la comunidad, porque permite el conocimiento profundo de los hechos que se mueven a su interior y la reflexión de los mismos; a través de él, podemos realizar un análisis sistemático de los fenómenos que se mueven al interior de la comunidad y de sus diferentes mecanismos de interacción.
Definir un diagnóstico requiere de un trabajo ordenado y metódico que va evolucionando en cada uno de lo procesos que gesta la comunidad y que parten desde el mismo hecho de organizarse como tal, hasta detectar situaciones particulares que se viven al interior y que requieren de acciones específicas para su solución.
El diagnóstico utiliza una serie de herramientas como son encuestas, entrevistas, reuniones grupales, guías de análisis, clínicas de trabajo, construcción de la memoria, historias de vida, mapas sociales, análisis de materiales de archivo, etc.
Detectar el tipo de comunicación y de mensajes que necesita la comunidad requiere de su propio diagnóstico y se puede realizar en las diferentes etapas de la organización y la gestión de desarrollo elaborada por la comunidad. Parte de la organización de los procesos comunicacionales individuales y de grupo y puede llegar a las formas de comunicación a través de medios comunicacionales como la radio, la prensa, la televisión y otros a que haya lugar.
En el caso que nos compete de la televisión comunitaria, el diseño de mensajes requiere llevar adelantados una serie de procesos. La comunidad ya debe haber trabajado en la organización de la misma, en la detección de las principales necesidades por las que atraviesa y en la manera de iniciar la gestión que les permita solucionar los problemas que viven, pero sobre todo, debe tener claro que el desarrollo de un programa de televisión comunitaria es posible y necesario, solo dentro de la ejecución de un plan comunicacional, en el que la televisión es sólo uno de los componentes dentro de una serie de estrategias que buscan mejorar la comunicación al interior de ésta.
El desarrollo de la televisión comunitaria es un proceso que requiere de la aplicación de todo un programa1, en todo lo primero que se debe clarificar es su organización, plan de gestión, financiación, impacto en la comunidad, desarrollo técnico, administrativo, creativo y, por último, la forma en que la comunidad va a participar activamente en la realización de su programación. Es poner en funcionamiento una empresa comunitaria, en la que están perfectamente clarificados su visión y su misión.
Una visión que responde a la posibilidad futura de vivir en una comunidad mejor, con más oportunidades para sus integrantes, con un amplio criterio democrático, participativo y pluralista. Con una misión clara de educar y recrear2 en la construcción de identidad y formación de consciencia social, donde el hombre se responsabiliza de su carácter ciudadano. El diseño del mensaje general de la televisión comunitaria estará orientado por su misión y debe dar respuesta a cada uno de sus objetivos.
El diseño de un espacio para televisión comunitaria debe cumplir con el objetivo de ser un instrumento de tipo comunicacional que sirva como herramienta dentro de un programa diseñado por la comunidad para cubrir alguna de las tantas necesidades o problemáticas que viven sus individuos y en las que la organización viene desarrollando diferentes tipos de proyectos.
Por lo tanto, el desarrollo de un espacio para televisión comunitaria es el resultado de un diagnóstico que define, entre otros puntos, los siguientes: resolver o ayudar en la solución de una necesidad comunicacional, ayudar a la construcción de identidad e invitar a la participación social, apoyar programas y proyectos de desarrollo social que se estén ejecutando desde otros ámbitos, permitir que haya un acercamiento a los diferentes puntos de vista de los conflictos que se viven al interior de la comunidad y acercar a una posible mediación, etc.
Para llegar al diseño de un espacio de televisión comunitaria se pueden analizar cuatro formas de diagnóstico anteriores: el que definió las dificultades que vive la comunidad, el que planteó las necesidades comunicacionales y el que sugirió que la televisión era un medio apropiado para el desarrollo de la misma, para luego llegar al que nos permita orientar el mensaje y las características de dicho espacio.
Los pasos que nos permiten llegar a un diagnóstico apropiado son: definir unos objetivos, seleccionar y aplicar unas herramientas, determinar las características del entorno, las posibles tendencias y las acciones que se pueden cubrir desde el espacio televisivo.
Una comunidad específica no necesariamente tiene que montar un canal para realizar y emitir sus espacios televisivos, ya que este requiere de una infraestructura costosa, equipo técnico y humano capacitado y altos niveles de inversiones, sino que puede buscar la manera de acceder a un canal local o regional, o mejor aún, a la parabólica de la zona.
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